Artículo No. 3: DON NICOMEDES SANTA CRUZ GAMARRA … Y ALGO MÁS
- Gilberto Reyes Moreno
- 21 mar
- 5 Min. de lectura
Su corta biografía y su obra, previa su ubicación en nuestra historia.

Introducción:
Debo comenzar esta ambiciosa crónica (ambiciosa, porque de literato no tengo nada que ofrecer más que mi osadía de abordar temas para los que no tengo la menor preparación académica que justifique este empeño mío, salvo mi copiosa lectura de todo lo relacionado a nuestra Civilización Occidental)
Dicho esto, paso a contarles cómo es que me interesé adornar mi blog con un personaje tan simpático y emblemático como fue Don Nicolás, durante mi juventud universitaria.
Permítaseme recordar las primeras transmisiones de las televisoras, allá a fines de los años 50s del siglo pasado, cuando todos los programas que ellas transmitían eran ‘en vivo’. Los artistas concurrían a los sets de las televisoras para ‘actuar’ todo el tiempo que cada programa era transmitido. No existía aún las grabaciones, ni siquiera para los comerciales.
Pasó el tiempo y cambió mucho ese campo, principalmente con las grabaciones de todo lo que se iba a transmitir. Ya no aparecían los errores garrafales que la transmisión ‘en vivo’ era estropeaba con inusitada frecuencia.
Llegó la llamada ‘nueva ola’ y con ella la profusión de cantantes y canciones. La década de los 60s es recordada, hasta hoy, como siendo la más prolífica en compositores, cantantes (tanto solistas como tríos, principalmente) y en canciones; ya fuesen extranjeros (gran parte en inglés) como locales.
Comenzó entonces casi un nuevo modo de diversión y de la vida misma.
La televisión reemplazó todos los tipos de entretenimiento de hogar existente hasta entonces (Las tertulias, los juegos de azar, los juegos con los naipes, las reuniones con las adivinanzas, los juego como: ‘la gallinita ciega’, carga con lo que no adivinas, Vengo de Jerusalem, etc. etc.) Todo eso, y más, pasó al olvido, después de haber subsistido, quién sabe, durante cientos de años o más.
Poco después aparecieron las telenovelas, secuelas obligadas de las radionovelas, y una de las más exitosas de éstas fue la famosa radionovela titulada ‘EL DERECHO DE NACER’ escrita, lo recuerdo hasta ahora, por un tal Félix B. Cagnet o, tal vez, Cañet, que tuvo presas de las radios a medio mundo, no sólo a las damas, que eran el objetivo comercial de esas transmisiones, las propagandas de productos, principalmente de hogar, iban dirigidas a ellas pero muchos varones también quedaban atrapados por los argumentos rosa de esas radionovelas y por las posteriores telenovelas.
El éxito de las telenovelas fue tal que, en las horas punta de las audiencias sólo transmitían esas, principalmente las mexicanas, tal como previamente lo hicieron las películas de cine.
A partir de 1970, aproximadamente, en casi todos los hogares de la clase media y de los afluentes, ya existía el televisor en blanco y negro, casi siempre marca Zenith, la que no pudo competir, posteriormente, con los televisores a colores, provenientes del Japón y de Corea del Sur.
Es también necesario que cuente que el día estaba partido en dos: De 8 a 12 y de 2 a 6: Las 8 horas tanto para los centros de enseñanza como para los laborales.
La hora del almuerzo era entonces cuando las familias se reunían y ello era propicio para la difusión de interesantes programas televisivos, ya que la gran audiencia seguía siendo aprovechada para las propagandas de productos, principalmente de usos en el hogar.
Todo el preámbulo ha sido para llegar a lo expresado en el párrafo inmediato anterior, pues los programas de televisión del medio día eran de los mejores de la época, tal como el titulado LA FUNCIÓN DEL MEDIO DIA, que propalaba con bastante éxito uno de los dos canales de TV más importantes de ese entonces.
En ese programa, conducido por un periodista chileno llamado Enrique Maluenda, se presentaban cantantes, cómicos, otros artistas y el mismo conductor, carismático él, contaba chistes no siempre graciosos por lo que él mismo los calificaba de chistes ‘maluenda’
No olvido a los dos hermanos chilenos, un par de cómicos de primer orden, que nos hacía desternillar de risa en el programa de su paisano Maluenda. Se presentaban con el nombre ‘Los Caporales’ y eran muy buenos, de verdad.
Pero, lo más importante de esta crónica es la consuetudinaria presencia, en el Programa conducido por el Sr. Maluenda, de DON NICOMEDES SANTA CRUZ, muy querido por el público y muy popular también.
Una corta biografía suya es necesario escribirla aquí: Nació el 4 de junio de 1925 en Lima y falleció el 5 de febrero de 1992, en la misma ciudad. Fue un poeta, compositor, músico y antropólogo, considerado como uno de los más importantes representantes de la poesía escrita por uno de su raza, negra, en el Perú.
El principal motivo de su inclusión en mi blog, además de su personalidad alegre, campechana, atrayente y empática; vista en la televisión, son sus FAMOSAS DÉCIMAS, excelentes poesías, compuestas por él, las que tienen un sabor festivo, creativo, divertido y, sobre todo, inteligente; que las recitaba aún con toques de gracia y buen humor en el Programa del Medio Día citado.
Dos de sus décimas mejor logradas son las tituladas LA PELONA y A COCACHOS APRENDÍ, cuyo otro título es LA ESCUELITA.
Esta mi audaz crónica la finalizo copiando aquí, esas dos excelentes costumbristas poesías:
Diviértete, amigo lector, con la inteligencia picaresca y traviesa, del también bohemio, Don Nico.
LA PELONA
Cómo has cambiado, pelona
cisco de carbonería
te has vuelto una negra mona
con tanta huachafería.
Te cambiaste las chancletas
por zapatos taco aguja,
y tu cabeza de bruja
la amarraste con peinetas.
Por no engordar sigues dietas
y estás flaca y hocicona.
Imitando a tu patrona
has aprendido a fumar.
Hasta en el modo de andar
cómo has cambiado, pelona.
Usas reloj de pulsera
y no sabes ver la hora.
Cuando un negro te enamora
le tiras con la cartera.
¡Qué…! ¿También usas polvera?
permite que me sonría.
¿Qué polvos se pone usía?:
¿ocre? ¿rosado? ¿rachel?
o le pones a tu piel
cisco de carbonería.
Te pintaste hasta el meñique
porque un blanco te miró
«¡Francica, botá frifró
que son comé venarique…!»
Perdona que te critique,
y si me río, perdona.
Antes eras tan pintona
con tu traje de percala
y hoy, por dártela de mala
te has vuelto una negra mona.
Deja ese estilo bellaco,
vuelve a ser la misma de antes.
Menos polvos, menos guantes,
menos humo de tabaco.
Vuelve con tu negro flaco
que te adora todavía
Y si no, la policía
te va a llevar de la jeta
por dártela de coqueta
con tanta huachafería
A COCACHOS APRENDÍ o LA ESCUELITA
A cocachos aprendí
mi labor de colegial
en el Colegio Fiscal
del barrio donde nací.
Tener primaria completa
era raro en mi niñez
(nos sentábamos de a tres
en una sola carpeta).
Yo creo que la palmeta
la inventaron para mí,
de la vez que una rompí
me apodaron “mano ‘e fierro”,
y por ser tan mataperro
a cocachos aprendí.
Juguetón de nacimiento,
por dedicarme al recreo
sacaba Diez en Aseo
y Once en Aprovechamiento.
De la Conducta ni cuento
pues, para colmo de mal
era mi voz general
“¡chócala pa’ la salida!”
dejando a veces perdida
mi labor de colegial.
¡Campeón en lingo y bolero!
¡Rey del trompo con huaraca!
¡Mago haciéndome “la vaca”
y en bolitas, el primero…!
En Aritmética, cero.
En Geografía, igual.
Doce en examen oral,
Trece en examen escrito.
Si no me “soplan” repito
en el Colegio Fiscal.
Con esa nota mezquina
terminé mi Quinto al tranco,
tiré el guardapolvo blanco
(de costalitos de harina).
Y hoy, parado en una esquina
lloro el tiempo que perdí:
los otros niños de allí
alcanzaron el nombre egregio.
Yo no aproveché el Colegio
del barrio donde nací…
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